En Roma, las profesiones de ingeniero (civil y militar) y arquitecto no estaban claramente diferenciadas. El «oficio» contaba más que el título. En algunas épocas, los ingenieros militares fueron, por su experiencia, los más cualificados.

Los romanos utilizaban como principales materiales para la construcción la piedra, la arcilla, la argamasa y la madera.

Una vez extraídos los grandes bloques de piedra de las canteras, que por lo general eran propiedad del Estado, los obreros la trabajaban hasta conseguir bloques a escuadra, y a continuación la pulían. Si la piedra era blanda podía ser cortada con una sierra; cuando era dura se practicaba con el taladro una línea de agujeros en los que se introducían estacas de madera que, al mojarlas con abundancia, se dilataban y rompían la piedra por el lugar deseado. Una vez partido el gran bloque en otros más pequeños, se les daba la forma final con el escoplo y el martillo.

La arcilla la utilizaban para fabricar ladrillos y tejas, para lo que empleaban moldes de madera. Una vez conseguida la forma deseada, extraían las piezas de los moldes y las ponían a secar al sol antes de cocerlas en el horno. Todas las piezas llevaban la marca del propietario de la fábrica y, a veces, la del Emperador.

La argamasa (mezcla de arena, cal y agua, que también recibe el nombre de mortero), servía para unir entre sí los ladrillos y los bloques de piedra.

La madera se utilizaba, además de para los trabajos de carpintería, para construir el esqueleto de los edificios y el armazón de los tejados.

Recubrían los edificios con yeso, mármol y mosaico.

Utensilios más usuales en la construcción

En los trabajos de construcción, los obreros usaban gran cantidad de herramientas. Para cortar la piedra, además de la sierra, el martillo y el escoplo, empleaban el compás, la escuadra, la vara de medir, el pico y el taladro.

En los trabajos de la madera los instrumentos más usuales eran el hacha, la barrena, la maza, la cuña, el cepillo y las tenazas. La mayor parte de estas herramientas se fabricaban a pie de obra, en las herrerías y talleres instalados allí para tal fin.

La construcción propiamente dicha requería elementos auxiliares más complejos: máquinas, como la grúa y la polea, cuya estructura básica consistía en una rueda giratoria en torno a la cual se hacían pasar varias cuerdas. Con estas máquinas los romanos conseguían levantar cargas muy pesadas. La estructura de los andamiajes utilizados por los constructores romanos adquirió una perfección similar a la de nuestros días, aunque siempre fueran de madera.

Construcción

Como muestra de las técnicas constructivas romanas, estas imágenes representan, de arriba abajo, una construcción a base de bloques rectangulares, que se utilizaban para la fachada de las casas; una mampostería realizada mediante cascotes y cemento (opus incertum) y una pared a base de hileras alternas de ladrillos y piedras (opus mixtum), generalmente una de piedra y dos o tres de ladrillo. Debajo de estas líneas, grúa romana, utilizada para elevar piedras pesadas en los grande proyectos de ingeniería; aquí, los obreros están completando el pretil de un gran puente de piedra.

Puente de piedra

Fuente: “Así vivían los romanos” J. Espinós-P. Masiá D.Sánchez-M. Vilar Edit. Anaya

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